Y EL HOMBRE MIDIÓ EL TIEMPO
12 Horas, 25 minutos,
30 segundos... Hoy nos parece tan común contabilizar el paso del tiempo
con un registro exacto y constante. Sin embargo, no era así de fácil
para el hombre primitivo. Desde tiempos remotos, el ser humano intentó
conseguir un sistema que le indicara los momentos de cada día. Las civilizaciones
antiguas usaban como referencia la alternancia del día y la noche con
la salida y entrada del sol, y los ciclos de la Luna. Otro referente que utilizaron
fue el cambio de estaciones y las épocas en que migraban las aves. Así
era como el tiempo se medía en períodos.
Poco a poco el hombre fue creando aparatos capaces de fraccionar los períodos
de luz y oscuridad con mayor precisión. Así, a lo largo de la
evolución de la humanidad fueron apareciendo variedades de maquinarias
y elementos de diversos tipos y formas, desde los más precarios hechos
en piedra hasta los más sofisticados construidos en valiosos metales,
siempre con el propósito de medir el tiempo.
¡Y el reloj hacía su aparición! Funcionando con elementos
simples como la arena, hasta los relojes a cuarzo o los que utilizan energía
atómica, la historia de este instrumento para medir el paso del tiempo,
recorrió un largo camino... ¡Conocelo!